Delapuente es un pintor cántabro que aúna en su singular estilo la doble condición de pintor e ingeniero. Tras estudiar ambas carreras en Madrid, gana por oposición en 1944 la Cátedra de Dibujo de la Escuela de Ingenieros Industriales. Ese mismo año renuncia a ella con el fin de dedicarse exclusivamente a la pintura. Su trayectoria artística está ligada principalmente a sus estancias en Italia, París y Madrid. Sus viajes a Roma, Florencia, Venecia…, y especialmente su experiencia en San Apolinar de Rávena, dejan huella en sus pinturas. En Milán le fascina la obra de Van Gogh por el extraordinario uso del color en sus lienzos; en París le impresiona la libertad salvaje de las pinturas fauvistas de Vlaminck, Matisse o Derain. Desde entonces su obra se torna fauvista y va logrando una gran sencillez expresiva con el concurso de los artistas italianos del momento: Carrá, Casorati o Modigliani, quienes influyen en esa simplificación que anhela. En la Villa de las Luces es donde encuentra su propia estética, marcada por una gran libertad formal y conceptual. Algunos han visto en su obra una figuración desfigurada; otros la ven a caballo entre el impresionismo y el expresionismo. Su obra abarca todos los temas: retratos, escenas costumbristas, bodegones…, pero sobresale su habilidad para los celajes de fondo. Posee un talento especial para descubrir la poética que esconden los paisajes marinos, rurales y urbanos, de ahí que le llamen entonces el pintor de Madrid. El lirismo de sus pinturas responde a una búsqueda de la “belleza solemne de lo sustancial”, que para él es como una necesidad espiritual para alcanzar el fondo de las cosas.