La exposición del Colegio de Médicos de Madrid se estructura en torno a seis bloques: época académica y de formación, representaciones de Italia, representaciones del paisaje castellano, representaciones de París, representaciones de Madrid y paisajes marítimos. Los cuadros de su primera etapa, Paisaje de Nestares, de 1923, Paisaje con gallinas, de 1927, Azucarera de Terrer, de 1941, y sus estudios de cabeza, fechados en 1944, reflejan un realismo que tiende a lo convencional con una pericia técnica (lógicamente) creciente. Pero, en la década de los 50, coincidiendo con sus visitas a Italia y París, su pintura experimenta un giro radical y, de repente, nos encontramos con el pintor que llegará a ser en los siguientes 20 años. Podemos decir que su estilo se asilvestra, pasa por un proceso de asalvajamiento formal (que no temático), a la vez que (sin que sea una contradicción, más bien todo lo contrario) adquiere tintes de ingenuidad, un toque naïf, que, todo unido, vendría a ser lo que José Ortega y Gasset enunciaba con clarividente lucidez en su famoso ensayo La deshumanización del arte (1925): «El pintor tradicional que hace un retrato pretende haberse apoderado de la realidad de la persona cuando, en verdad y a lo sumo, ha dejado en el lienzo una esquemática selección caprichosamente decidida por su mente, de la infinitud que integra la persona real.
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