De todos estos exegetas madrileños ninguno tan arquitectónico como Fernando Delapuente; él no ha buscado sólo lo pintoresco del barrio antiguo, sino que se ha enfrentado con valentía con el panorama del centro de la ciudad, con lo que por estar más divulgado es difícil encontrarle un interés verdaderamente artístico.
“Su visión es grata, simpática, un poco zumbona y bromista; ¿se puede pedir más madrileñismo?”.