La pintura de Fernando Delapuente, que contiene una aparente inocencia, encierra una gran originalidad. Combina un hábil manejo de la línea con planos de colores vibrantes. Genera intensos contrastes cromáticos que los convierte en su seña de identidad. Su concepto de paisaje urbano integra la libertad de concepción y de imaginación, más propios de los paisajes rurales románticos. Llega así a un estado de fantasía que evoca la ilustración infantil, pero sin abandonar la referencia a los cánones clásicos de la pintura.
Si ahora una exposición celebra el cincuenta aniversario del fallecimiento del pintor cántabro Fernando Delapuente, no podríamos decir que estas líneas son un obituario al uso, aunque, de alguna manera, vamos a glosar, a modo de homenaje, su vida y sus logros.
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